Cada semana la frase de inicio de los microcuentos será la última frase del texto ganador de la semana anterior. Extensión máxima del texto es de 100 palabras (sin contar la frase de inicio ni el título).
Semana 32: Cariño, tenemos que hablar
Pequeña sospecha
– Cariño, tenemos que hablar. Ya no puedo seguir ocultándotelo más, he de confesar. Creo que ya lo sospechabas, pero me resulta imposible seguir con esta farsa. Mi verdadero nombre es Mark 2. Soy un clon de Mark. Nos turnamos cada semana.
– Lo sabía. Ya que estamos siendo sinceros yo también he de confesar algo. Me llamo Janna 342
Cada semana la frase de inicio de los microcuentos será la última frase del texto ganador de la semana anterior. Extensión máxima del texto es de 100 palabras (sin contar la frase de inicio ni el título).
Semana 31: Si no, me habría vuelto loco
Esto no aparece en el manual
Si no, me habría vuelto loco. No, no, estoy cuerdo. Se que estoy perfectamente cuerdo. Son solos los nervios de estar a los mandos completamente solo por primera vez. Tiene que ser eso. Estoy seguro de que no estoy loco y que ese extraño y colorido pez que me mira desde la ventanilla de mi derecha es solo alguna raza desconocida que vive en el espacio exterior.
Típico piscis
Si no, me habría vuelto loco en medio de semejante caos. El fuego de la cocina aún no estaba controlado y se estaba expandiendo. La tormenta eléctrica no se había movido, seguía justo encima de la casa, lanzando rayos aquí y allá como si estuviera jugando a tiro al plato con mi hogar. Avancé hasta la sala con esfuerzo, esquivando el mobiliario destrozado que flotaba sobre la capa de agua y barro que había inundado toda la planta baja, a la altura de las rodillas. Desde la ventana, la única intacta, podía verse el tornado cada vez más cerca. Menos mal que soy una persona tranquila.
Pellizco en el espacio-tiempo
Si no, me habría vuelto loco encerrado en aquel sueño de castillos, traiciones, coronas y dragones. Pero el pellizco funcionó y me desperté. Me bajé de la cama, descalzo intenté abrir la puerta pero estaba cerrada con llave. Busqué mi móvil pero no lo encontré por ningún lado. Entonces me di cuenta de que no estaba en mi habitación, si no en una redonda con paredes de piedra, puerta robusta de madera y una tronera. En el espejo no me veía a mí mismo, veía a una mujer asustada con camisón de seda. Me acerqué a la estrecha tronera y vi pasar un ala de dragón.